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Adolf Hitler y su carta sobre la Cuestión Judía en 1919.

19 May

Fragmento final de la carta.

El 10 de Septiembre de 1919, cuando Hitler estaba aún en el ejército, uno de sus superiores, el capitán de Estado Mayor Karl Meyer, le solicitó su opinión sobrela actitud de los Socialistas hacia los judíos. Esta solicitud fue hecha al “Estimado señor Hitler”.

Hitler respondió el día 16 de Septiembre de 1919 y su respuesta es la que reproducimos fielmente, aunque, desde su publicación, se ha hecho lo indecible por deformar su sentido.

“Si la amenaza con que la judería se enfrenta a nuestro pueblo ha dado lugar a una hostilidad innegable por parte de grandes sectores de nuestra población; la causa de esta hostilidad no debe ser buscada en el hecho claro de que la Judería como tal está teniendo, deliberada o involuntariamente, un efecto pernicioso sobre nuestra nación, si no principalmente en el trato interpersonal, en la pobre impresión que el judío hace en forma individual. Como resultado, el antisemitismo asume un estricto carácter emocional. Esta no es la respuesta correcta. El antisemitismo, como movimiento político, no puede y no debe ser modelado por factores emocionales si no por el reconocimiento de los hechos. Los hechos son: Para comenzar, los judíos son incuestionablemente una raza y no una comunidad religiosa. El judío no se describe a sí mismo como un alemán judío, un polaco judío o un americano judío, si no que siempre como un judío alemán, polaco o americano. Lo más que ha absorbido un judío de los pueblos extranjeros en medio de los cuales ha vivido es el idioma. Y, como un alemán que está forzado a emplear el francés en Francia, el italiano en Italia, y el chino en China no viene del francés, italiano ni chino; así no podemos llamar a un judío que viva entre nosotros y que esté forzado a emplear el alemán, un alemán. Y aún la fe mosaica, no obstante su importancia para la preservación de esa raza, no debe ser el único criterio para decidir quien es judío y quien no. Hay difícilmente una raza en el mundo en que todos sus miembros pertenezcan a una religión única.

A través de la endogamia de miles de años, frecuentemente en círculos muy pequeños, el judío ha sido capaz de preservar su raza y sus características raciales más exitosamente que muchos de los pueblos dentro de los cuales vive. Como resultado, tenemos viviendo en medio del pueblo alemán una raza extranjera no alemana, poco dispuesta y en realidad incapaz de despojarse de sus características raciales, sus sentimientos, pensamientos y ambiciones particulares y, sin embargo, gozando de los mismos derechos políticos que nosotros. Y como los sentimientos judíos están limitados a la esfera de lo material, sus pensamientos y ambiciones están destinados a ser eso mismo aun más fuertemente. La danza alrededor del becerro de oro viene de una lucha despiadada por aquellos bienes que nosotros sentimos interiormente que no son ni los más altos ni los únicos por los que vale la pena luchar en esta tierra. El trabajo de un individuo no está ya más determinado por su naturaleza o por la importancia que pueda tener para la comunidad, si no por el tamaño de su fortuna, su hacienda.

La grandeza de una nación no está ya más medida por la suma de sus recursos morales y espirituales, si no únicamente por sus bienes materiales.

Todo esto resulta en esa actitud mental y esa búsqueda de dinero y poder para protegerlo que permite al judío ser tan inescrupuloso en su elección de medios y tan misericorde en su uso para sus propios fines.En los estados autocráticos se arrastra delante de la “majestad” de los príncipes y abusa sus favores para convertirse en una sanguijuela del pueblo.

En una democracia busca los favores de las masas, se humilla delante de la “majestad del pueblo”, pero sólo reconoce la majestad del dinero.

Mina el carácter del príncipe con adulación bizantina; el orgullo y la fuerza nacional es por la desvergonzada seducción al vicio. Su arma preferida es la “opinión pública” tal como es falsificada por la prensa. Su poder es el poder del dinero que acumula tan fácil e interminablemente en la forma de interés y con el cual impone un yugo a la nación, yugo que es el más pernicioso ya que su brillo oculta sus terribles consecuencias. Todo lo que hace luchar a un pueblo por cosas más grandes, sea religión, socialismo o democracia, sirve al judío meramente para la satisfacción de su avaricia y sed de poder.

El resultado de su trabajo es una tuberculosis racial de la nación. Esto tiene las siguientes consecuencias: El antisemitismo puramente emocional halla su expresión última en la forma de progrom. Por el contrario, el antisemitismo racional debe conducir a una lucha sistemática y legal contra y por la erradicación de aquellos privilegios de que gozan los judíos sobre otros extranjeros que viven entre nosotros. Su objetivo final debe ser la remoción total de todos los judíos de nuestro seno. Ambos objetivos sólo pueden ser alcanzados por un gobierno de fuerza nacional, no por un gobierno de impotencia nacional.

La República Alemana debe su existencia, no a la voluntad unida de nuestro pueblo, si no a la turbia explotación de una serie de circunstancias que, tomadas en conjunto, se expresan en una profunda insatisfacción. Estas circunstancias, sin embargo, surgen independientemente de la estructura política, y están trabajando aún hoy día. En verdad más que nunca antes. Por eso una gran parte de nuestro pueblo ha llegado a reconocer que no por cambiar la estructura del estado nuestra posición será mejorada, si no sólo por el renacimiento de la moral y de las fuerzas espirituales de nuestra nación.

Y este renacimiento no puede ser preparado por el liderazgo de una mayoría irresponsable influenciada por dogmas partidarios o por frases cliché y eslóganes internacionalistas de una prensa irresponsable, si no por actos determinados de la parte de líderes nacionales con un sentido interno de responsabilidad.

Este hecho sirve para privar a la República del soporte interno de las fuerzas espirituales que cualquier nación tiene mucha necesidad. Por lo tanto los líderes actuales de la nación están obligados a buscar el apoyo de aquellos que sólo se han beneficiado y continúan beneficiándose al cambiar la forma del estado alemán, y de aquellos que por esa misma razón se convirtieron en la fuerza motriz de la revolución: Los judíos.

Menos preciando la amenaza judía, la cual es indudablemente reconocida aun por los líderes actuales (como testimonian varias afirmaciones de personalidades eminentes), estos hombres están forzados a aceptar favores judíos para su beneficio privado y a devolver esos favores. Y la devolución no involucra meramente el satisfacer cualquier posible petición judía, si no sobre todo impedir la lucha del pueblo embaucado contra aquellos que lo engañaron, mediante el sabotaje del movimiento antisemita.”

— Adolf Hitler.

Fuente:

https://elsilenciodelaverdad.wordpress.com/2013/02/18/adolf-hitler-y-su-carta-sobre-la-cuestion-judia-en-1919/

http://wizard.webquests.ch/ensi.html?page=67954

 
2 comentarios

Publicado por en 19 mayo, 2013 en La verdad sobre Hitler y la SGM

 

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2 Respuestas a “Adolf Hitler y su carta sobre la Cuestión Judía en 1919.

  1. marco apolo torres

    21 mayo, 2013 at 5:02 PM

    Sobre el avasallamiento propagandístico sionista y sus víctimas: los alienados mediáticos.

    Ley de Godwin

    (Mike Godwin)
    Del momento en el que una discusión pasa un determinado nivel de confrontación, lo que inevitablemente genera un punto de no retorno, con frecuencia fácilmente reconocible.

    La ley de Godwin, o regla de analogías nazis de Godwin, es en realidad un enunciado (y no una ley) de interacción social propuesto por Mike Godwin en 1990. El enunciado establece que:
    “A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno”
    Existe una tradición general en muchos grupos de noticias de Usenet: en cuanto se mencione una determinada comparación similar a la descrita en el enunciado, el hilo se cierra y quienquiera que la usara pierde la discusión. Así, la ley de Godwin proporciona un límite a los hilos en Usenet y otros grupos. De hecho, así es como muchos participantes conocen la ley.
    Índice
    Origen:
    La autodenominada ley es epónima de su ideólogo, Mike Godwin, de la Electronic Frontier Foundation, y se popularizó a principios de los noventa. Richard Sexton asegura que es una formalización de un mensaje del 16 de octubre de 1989 por él enviada. 1
    Se puede deducir que una discusión en USENET caduca cuando uno de los participantes menciona a Hitler y/o a los nazis.
    Al decir ‘caducidad’ se refiere en esos espacios a dos hechos relacionados:
    El tema se habría desviado lo suficiente del asunto original, por lo que el hilo conductor y las ideas desarrolladas se distorsionan.
    El hilo podría ser cerrado (ya no permitir más comentarios) y pasar la discusión a otro hilo.
    Así que el término ‘caducidad’ implica una o ambas cosas, caducidad de la relación título-tema y caducidad de la función del servidor web de aceptar más entradas de texto.

    Al considerar que el meme de comparaciones con los nazis en Usenet era ilógico y ofensivo, Godwin estableció la ley como un “contra-meme” en 1994 en un artículo sobre su ley. La función memética del enunciado es advertir a los participantes sobre las implicaciones de desviar un tema tanto hasta “comparar con los nazis”.

    Muchos la extendieron para establecer que quien los mencione como táctica argumentativa fuera del contexto bélico mundial o del Holocausto, pierde inmediatamente la discusión. La idea subyacente es el mal gusto de comparar trivialidades con genocidios.
    Objeciones y críticas

    Una objeción común hecha al meme es que a veces sus usos son apropiados. Por ejemplo, “El simple hecho de que un dirigente mejore la economía no implica su bondad, porque Hitler también lo hizo”. Esta frase es comprensible, porque el usar un personaje conocido evita abundar en explicaciones.

    Aunque puede objetarse que la mera mención es manipular las emociones y un ataque ad hominem contra el objeto de la comparación. Hitler tiene una fama tan mala que sólo puede equiparárselo con otros déspotas. Así, según esta última argumentación, la ley de Godwin permanece aplicable aún en aquellas comparaciones con gobernantes a priori razonables.

    La respuesta típica de Godwin a esta objeción es subrayar que su ley no cuestiona la propiedad de una referencia particular a los nazis, sino que, precisamente porque a veces puede serlo, debe evitarse el abuso. Para, según él, “asegurar que las comparaciones válidas tengan el impacto apropiado”.

    La ley pretende evitar un abuso conversacional, porque muchas veces se los menciona simplemente para evocar el mal y una posible confrontación objetiva de hechos se convierte en una discusión subjetiva sobre el bien y el mal que la concluye. Este planteamiento es expresado con bastante claridad mediante la aseveración “Algo es malo, porque Hitler lo hizo” o “Algo no es una virtud, porque Hitler lo tenía”. Sin embargo, a veces se lo menciona al margen de connotaciones.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Godwin

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    • irokoin

      21 mayo, 2013 at 5:22 PM

      Hola, gracias por comentar… Entiendo tu planteamiento, pero debo hacer unas observaciones.

      1) Eso de comparar el sionismo con el Nacional Socialismo es también una táctica judía con el propósito de seguir demonizando a Hitler y así como también hacer ver el nacionalismo como algo malo que debe erradicarse (menos el judío claro) ya que el nacionalismo se interpone en el camino de los judíos para crear un gobierno mundial… no puedes crear un gobierno mundial con personas nacionalistas.

      2) El “holocausto” no es mas que propagando de guerra judía que vienen usando desde antes de las primera guerra mundial, pronto estaré subiendo material para probar esto que te digo, pero te dejo un ejemplo claro:

      En 1897 la revista “Science of Religion” asegura que 6 millones de judíos fueron asesinados en la revuelta de Bar Kokhba, 132-136 AD, que irrisorio

      No creo que Hitler con 7 u 8 años haya sido culpable de esos 6 millones (1), incluso hay fuentes donde los judíos hablan de los eternos 6 millones antes del nacimiento de Hitler. El holocuento es propaganda de guerra.

      (1) Esta declaración de los judíos es también falsa, pues es imposible Demograficamente que en esa época hayan muerto 6 millones de judíos.

      Saludos.

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